jueves, 18 de diciembre de 2014

Hambre

La hormiga llevaba toda una pluma a cuestas.
- ¿Dónde quiere ir esta hormiguita? -preguntó el pequeño Tim
La hormiguita en cuestión, muy decidida, cargaba con la pluma que a Tim le habían regalado por su cumpleaños el año pasado. Pero solo hacía un mes que le permitían utilizarla.
- No es un rotulador ni un lápìz. Si aprietas, la romperás- le conminaba su madre
Tim pensaba que tampoco podía apretar los rotuladores, pero no dijo nada. ¡Si sus padres supieran lo que le costaba escribir! No era ni fácil ni divertido. No apretaba por decisión, sino por desesperación de ver que las letras, poco a poco, surgían de su lápiz.
- ¿Queda mucho para la comida?
- Lo mismo que antes... menos un minuto. Sigue mirando a la hormiga -le recomendó su padre, asomando la cabeza sobre el periódico.
Era Sábado y cocinaba mamá. Pero muchas veces se retrasaba porque quería hacer demasiadas cosas a la vez. O al menos así le decía su padre. A él, le decía, también le ponía de mal humor retrasos en la comida. Y para sobrellevarlo mejor tenía un secreto, el mismo que había compartido con su pequeño Tim:
- Me entretengo con otra cosa y me concentro tanto que olvido que tengo hambre.
Tim había decidido fijarse en la hormiga. Pero la barriga le hacía ruídos.
- Mi barriga también tiene hambre -dijo
Su madre se volvió entonces hacia él con gesto enfadado. Tenía una cuchara de madera en la mano con la que había estado removiendo la sopa. Pero antes de que estallara, su padre se levantó:
- Es posible que haya muchas barrigas con hambre en el mundo, Tim, y todas están pidiendo comida. Nosotros solo tenemos que esperar unos minutos más para que se callen. ¿No es así, cariño?
Ella sonrió irónicamente y se volvió a su puchero.
- ¿Cómo le va a esa hormiga? -le preguntó, agachándose. Y luego, por lo bajo, le dijo:
- No logro concentrarme en mi periódico. Tal vez la hormiga sea mejor para los dos.
- Se quiere llevar mi pluma estilográfica a su nido. Me pregunto para que la querrán.
- Pues esa pregunta es muy fácil. ¿Para qué crees que querrán una pluma? La pregunta debería ser, ¿y de dónde sacan el papel?
Tim le miró con gesto enfadado, pero luego decidió seguir el juego. Le encantaban las historias:
- ¿Las hormigas escriben?
- ¡Y tanto! -dijo su padre. Fíjate que ellas se organizan muy bien, y tienen una reina para mandar, hormigas soldado para pelear, obreras para buscar comida y todo lo que se les mande... ¡y escribanas! Que son las hormigas que están todo el día escribiendo. En general usan unas pajitas así, pequeñitas, que nosotros apenas podríamos ver. Pero a veces la reina quiere escribir algo importante y le llevan una pluma de los humanos. Como esta.
- Pero hasta para la reina esta pluma es demasiado grande.
- ¿Y qué has creído que hace una reina? No hace nada, Tim, más que mandar. Esta pluma ella nunca la tocará, sino que la montarán sobre un armario y 24 hormigas obreras la empujarán para que...
- ¡A comer! -les interrumpió mamá.

(y así se fueron, porque el que escribe, otra vez, ha contado mal el tiempo y aún quedarían 4 min para terminar...)

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