- ¿No te cansas nunca de estar volando así, de arriba abajo? -le preguntó el diablillo que hacía de portero
- Uno se acostumbra -respondió Altazov, el búho mensajero.
Y después de esto emprendió vuelo. Sus grandes ojos vieron alejarse las puertas del infierno y a aquel desgraciado que tenía que estar en la puerta para bienvenir a los incautos.
"Hace falta ser idiota para lanzarse al infierno. Son infelices en vida y solo les queda seguir cobrando lo que han cosechado"
En el pico llevaba una brizna sacada de unas de las hierbas que crecían allí, en la puerta del inframundo. Y su misión era llevarla lo más cerca posible del estrado de San Pedro, frente a las puertas celestiales. Claro que no podía atravesarlas.
Los ángeles recogían aquella brizna y con ella fabricaban flores picantes con las que se alfombraban las carreteras del purgatorio. O así se se lo habían contado a Altazov, él nunca lo había visto.
- ¿No te cansas de estar volando así, de abajo arriba? -le preguntó un angelito que suplía a San Pedro cuando este se iba a interceder por alguien. Pero no por muchos, no era santo de gran devoción, pese a lo mucho de lo que se hablaba de él.
- Uno se acostumbra -repitió Altazov
Como muchos otros días, se preguntó por su misión. "¿Por qué yo?" Y hoy imaginó que eran por sus ojos. "Con mis grandes ojos he visto demasiadas cosas como para entrar en el cielo, pero no he cometido ninguna de ellas y no puedo condenarme al infierno"
Al infierno llevaba una piedra pequeñitas, de las muchas que había enfrente de las puertas celestiales. Con ellas construían las arcadas y los soportales de los edificios del infierno. Pero nadie podía habitar allí y, sin embargo, el lugar tenía su belleza.
Claro que él no lo había visto nunca, pero se lo habían contado.
De camino al infierno se sintió cansado y, vislumbrando un árbol que colgaba en un risco, se posó allí un instante. No había pasado ni un segundo cuando sintió nuevamente la urgencia de volar.
- Al fin y al cabo me encanta volar -se dijo
Y siguió bajando hasta las puertas del infierno. Allí estaba hoy el mismísimo Lucifer, pasando revista al portero. En cuanto le vio, se volvió a él:
- ¿Cuándo te vas a quedar aquí, Altazov?
- Lo mío no es entrar en ningún lado. ya lo sabe usted -le respondió el búho con dignidad.
- Tal vez ese ir volando de un lado a otro sea tu castigo, Altazov, tu infierno. ¿No se te ha ocurrido?
Y el búho sintió miedo. Cogió la primera brizna que encontró y se marchó volando.
- Pero a mí me encanta volar -se dijo, mientras ascendía- Tal vez esto sea mi cielo.
Y luego se afirmó en el pensamiento
- ¡Sí! -exclamó- ¡Esto es mi cielo!
Y siguió volando hacia las puertas de la eternidad.
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