- ¡¡Ay!!
Exclamó el pequeño mirlo.
- Tu hijo se ha golpeado otra vez. ¿Cuándo vas a arreglar esa bombilla?
Tontomás, el papá, miró a su señora un poco ofendido.
- ¿No ves que estoy arreglando este nido?
Ella suspiró y luego se echó a volar.
- Sí, vuela lejos -suspiró Tontomás mientras colocaba mejor una rama.
Su hijo salió del agujero del árbol.
- No hay forma de encontrar nada en la despensa, papá.
- ¿Qué querías de la despensa? -preguntó Tontomás
- Nueces del valle, aquellas que recolecté cuando fui a visitar a los abuelos. Mamá me ha dicho que las había almacenado ahí abajo. ¿Cuándo vas a arre...? -pero su padre le interrumpió
- Espera aquí. Te conseguiré las nueces. ¿Cuántas quieres?
- Dos nueces estará bien, pa.
Tontomás se marchó y al rato se oyó una exclamación:
- ¡Ay! ¡Maldita bombilla!
Y luego un ruído como de cristales rotos. El hijo imaginó a su padre golpeando la bombilla fundida en un acceso de rabia.
"Por lo menos que no se corte", pensó
Al poco salió el padre con cara de mal humor. Pero no había sangre por ningún lado.
- Aquí tienes. Y ahora, si no te importa, me gustaría trabajar un poco tranquilamente en el nido.
- Como tú quieras, pa -respondió el joven. Y, abriendo las alas, se marchó.
Tontomás colocaba las ramas en su nido de primavera. Este era el nido que, un poco más expuesto, servía para calentarse al sol cuando el tiempo mejoraba. Y, aunque ya hacía una semana de la llegada del buen tiempo, Tontomás no había tenido tiempo para arreglarlo hasta aquel día.
- En esta casa no hay forma de trabajar tranquilo.
Estaba colocando la ramita más importante de todas, aquella que servía para fijar bien el nido en la rama del árbol. Era la parte más delicada del trabajo. Lentamente la fue insertando cuando un ruído le sobresaltó.
- ¡Hola, vecino!
Era el gorrión que vivía en un árbol vecino. Tenía una voz estridente. El susto le había salido caro a Tontomás, pues se le cayó la rama de las manos y con él todo el nido que fue a parar al suelo con un golpe sordo.
- ¡Mil demonios! -exclamó
Y luego comenzó a despotricar contra el vecino, quien se fue de allí rápidamente.
- Paciencia, ten paciencia Tontomás. Si no, no vas a terminar nunca -se dijo
Bajó hasta el suelo y recogió el nido. Lentamente, fue volando con él de una rama a otra hasta que llegó a aquella en donde vivían. Lo colocó.
- Podía haber sido peor, podía haber sido peor -se repitía como un Mantra
Lo que no había podido subir era la rama de sostén. Pero recordó que en el almacén tenía una ramita muy buena, ligera y resistente y con forma de "y". Fue hasta allí pero pronto se encontró a oscuras. La bombilla estaba fundida y se golpeó en la cabeza. Además, por el suelo había casquillos de la bombilla de cuando la golpeara antes y se cortó en un pie.
Maltrecho, salió afuera. Se vendó la herida y, antes de que pasara una hora, ya había cambiado la bombilla. Luego miró al nido.
Aún faltaba mucho para terminarlo, pero colocó su mejor palo en la base, aquel que había ido a buscar al almacén.
- Mañana seguiré.
Cuando su esposa volvió, se encontró con su marido esperándola con una flor en la boca. Tenía un pie vendado y unos ojos contritos.
- Perdona -le dijo, tras alcanzarle la flor
- Yo también te quiero -contestó ella.
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