martes, 12 de agosto de 2014

El bañador de la vaca

La señora vaca fue a comprarse un bañador. Se acercaba el verano y tenía pensado ir a un lago en la montaña donde, además de buenos pastos, podría bañarse en una agua purísima. - Nada como el agua para quitarse las moscas de encima -le decía su tía Facunda. Aquel año estaban de moda, otra vez, los biquinis de colores violetas y amarillos. - Pero quiero que me cubra bien las ubres -le dijo la vaca al dependiente, un monito con un bigote blanco muy peludo. El mono sacó un traje de baño muy elástico. Los estiró con sus manitas para mostrárselo a la señora vaca y le dijo, - Esto no hay quien lo rompa Y, en efecto, la señora vaca fue al probador y se lo probó. Como le gustaba que las ubres también tomaran aire, había un pequeño orificio en el bañador para que se sintiera más cómoda. El bañador le quedaba como guante al dedo. Se miró en el espejo satisfecha. - ¡Cuidado con ese ropero! -exclamó el mono, pues la señora vaca, sin querer, había tumbado con su trasero la colección de verano para gatos, armiños y murciélagos atrevidos. - ¿Dónde puedo pagar esto? -preguntó un erizo que había comprado un sombrero gris muy elegante que le pegaba muy bien con la pipa. El monito dejó de resoplar mientras recogía la ropa que la señora vaca había tirado para indicarle el cajero, un poco más adelante. - ¿Dónde está ese ratón de gafas grandes? -preguntó el erizo El mono asintió - ¿Ese que ahora está leyendo crucigramas? El monito volvió a asentir. - ¿El que juguetea con su cola? -insistió el erizo El monito dejó lo que tenía en las manos y se volvió nervioso al erizo: - ¿Y por qué no se va usted a molestar a otro empleado? El erizo se marchó muy dolido y no llegó a comprar el sombrero. Ni siquiera lo puso en su sitio. - Estos erizos... -murmuró el monito Y entonces se encontró cara a cara con la señora vaca, que le miraba con ojos muy enfadados y con aquel bañador violeta tan ajustado. - ¿Le estoy molestando? -preguntó con un mugido ronco - No, no, señora, no me estaba dirigiendo a usted. - De todas formas no quiero comprar nada aquí. No me parece que sean ustedes amables con los clientes. Y antes de que el erizo pudiera responder, ya la señora vaca había dado media vuelta y se dirigía al vestuario. Todavía estaba el monito rascándose la cabeza, intentando hacer sentido de todo lo que le acababa de pasar, cuando oyó que alguien pedía ayuda - ¡socorro, socorro! -sonaba una voz desde el vestuario El monito corrió hacia allá. ¡Era la señora vaca la que pedía socorro y, al mismo tiempo! No podía quitarse sola el bañador y, en sus intentos, estaba rompiendo todo el vestuario. - ¡Pero estése quieta para que la pueda ayudar, señora! Aún a regañadientes, la señora vaca se quedó quieta el tiempo suficiente para que el monito pudiera quitarle el bañador. - Pero haga usted el favor de cerrar los ojos -le rogó la vaca cuando le quitaba el mono la parte de abajo. Por fin terminó el monito, aunque una de las patas del animal había desgarrado la tela. - Ya no iré a la montaña -le dijo esa misma tarde la vaca a su tía Facunda- me quedaré tranquila en casa, que en verano se está muy bien porque todos se van. - Lo mejor que haces -le respondió la otra. Yo también me quedaré. Así podremos ir al cine juntas. ¿Y el monito? Después de rascarse la cabeza mucho rato, cogió el bañador desgarrado y, en el jardín de su casa, construyó una hamaca para, en los días de descanso, dormir al sol. Tranquilamente

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