miércoles, 14 de enero de 2015

el ausente

Lo peor de tener una enfermedad que todos toman por incurable es que ya te tratan de muerto. Las visitas de los familiares son despedidas, las bromas de los amigos son esfuerzos para prolongar la amistad al más allá. Los niños plantean inocencias enternecedoras:
- ¿Y cuando te mueras me escribirás cartas?
Y así. Entonces pasa lo que nadie tenía previsto: te recuperas. La enfermedad tiene una odiosa probabilidad de éxito, pero tú justo pasaste la prueba. Ya ves: después de pasarte la vida perdiendo en todas las oportunidades, al final ganas en lo más inesperado. Y te conviertes en un milagro vivo.
- ¡Es un milagro! -no deja de proclamar tu apocalíptica hermana.
El doctor se muestra satisfecho pero prudente.
- Como siga usted así me va a acabar enterrando.
Tú ríes estúpidamente. No sabes cómo ha sido posible nada de esto y tienes miedo de forzar la mano con un chascarrillo fuera de lugar. Que todo el mundo lo sabe: nada hay peor que una recaída, desde el catarro hasta el tabaco o las mujeres perdidas.
- ¿Entonces usted cree que podré levantarme de la cama? -preguntas humildemente
- ¡De la cama! En un mes ya le veo jugando al tenis
El doctor no lo sabe, pero el común de los mortales no suele jugar al tenis. Tal vez ellos, los médicos, sí que pueden dedicar sus horas de ocio al tenis, al golf y al pádel; y los fines de semana se reunirán en casa de uno de ellos para jugar al bridge y bromear sobre sus enfermos.
- Pues he tenido un caso de lo más curioso. Al final el tipo se levantó -diría rememorándome
- Cualquier diría que te da rabia -le comentaría la mujer de uno de sus amigos de la universidad, la misma que querría acostarse con él.
- Bueno, no sé muy bien cómo lo ha hecho.
- Los enfermos no deberían tener tanta libertad -diría el marido de la futura amante.

En todo caso, lo peor ha sido volver a trabajar. Después de seis meses de baja, uno era una ausencia en vías a desaparecer del mapa. Habían contratado a otro para que ocupara mi lugar y muchos ya me tenían como "aquel amigo querido". Una de las secretarias incluso tenía una foto mía al lado de una vela.
- Pero si todavía no me he muerto -le dije
- Bueno, ya sabe usted que me gusta adelantarlo todo -me ha respondido
El jefe no sabía muy bien dónde meterse.
- Estamos muy contentos con el nuevo empleado y... ejem... tal vez no le importaría que le reasignáramos a un nuevo departamento.
- Estando a punto de morir se entiende mejor las prioridades. Todo es agradablemente inesperado. -le respondí
- Me alegro de que se lo tome con tanta filosofía. Claro que yo mismo no... su experiencia, ya me entiende.
Y yo asiento para sacarle del atolladero. Cuando salgo de su despacho me dirigo al almacén de suministros para que me den el nuevo uniforme.
Porque ahora seré el botones de la oficina. Resucitado, eso sí.

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